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Lunes 26 de diciembre de 2011
Autos Bond

La persecución del deseo

bond

Si un domingo desempolvás la saga de 007 y terminás suspirando más que tu novia, no te asustes: es por los autos.

Tema “Bond” en reunión de amigos. Salvo que entre los presentes haya un cinéfilo capaz de recordar hasta el nombre del extra que hacía de turco en “el Santo”, nadie recordará el nombre de más de tres chicas Bond. En cambio, ante la sola mención de la palabra “auto”, se dispara el cuentavueltas del entusiasmo, y el aire se llena de olor a neuronas quemadas contra el asfalto del recuerdo. Sorpresa: auto mata a chica. O mejor dicho: chicas, hay amores que matan. En lo que hace a la dinastía 007, es inútil competir: auto, actor y persecución son la santísima trinidad de lo inolv idable.

EL PRIMERO

Casi nadie lo vio, pero todos creen recordarlo: el primer auto Bond de la historia es el Aston Martin DB 5 que Sean Connery conduce en Goldfinger. En ese auto se matriza gran parte de un ideal que se iría perfeccionando con el tiempo: por afuera, elegancia y tradición original, por adentro, una caja de sorpresas para matar. Antes, existió la femenina cupe cabriolet Sumbeam Alpine que el olvidado primer Bond maneja en Dr. No. Lo persigue una especie de furgón de trasporte de sustancias alimenticias. ¿Lo querés ver? Buscalo en You Tube; vas a descubrir de qué se ríe el Superagente 86. Es con el Aston Martin DB 5 que nace la dinastía, porque con él, el auto bond deja de ser un vehículo para ir de un lugar a otro, para transformarse en lo que un auto Bond debe ser: un arma para derrotar a los demás.

EL IDEAL

Antes, las escenas de persecución exaltaban fundamentalmente las virtudes del piloto. A partir de DB5 enchulado, se trata de explorar, también, las virtudes del auto. La estrategia: presentar primero las prestaciones, para después desplegarlas en un test. Así, la potencialidad del auto traba una alianza indestructible con la escena de alto impacto. Los autos Bond transforman para siempre la secuencia de persecución, la vuelven primero una expectativa para cualquier film de la franquicia, luego en una exigencia para toda película de acción, y finalmente en un clásico cinematográfico que puede aislarse del resto del film y adquirir un valor en si mismo. La escena se repite. Bond va a retirar su auto tranquilo como un feliz propietario a una agencia, pero resulta que la agencia es un laboratorio, el vendedor un científico y el repaso de las virtudes del 0 km, la promesa de un arsenal de guerra. Luego, se trata de en qué escenario y con qué peripecias se escapa o se persigue, todo el misterio se concentra en cómo y porque medios se gana. Los autos Bond nacen, se desarrollan y se reproducen como proyectos en los cuales el diseño y tecnología se combinan para triunfar. Cada versión particular es una encarnación de un ideal y el ideal del auto Bond se transforma en un clásico: un ejemplar único, una criatura de laboratorio imposible de alcanzar: elegancia y sobriedad por afuera, y por adentro, pedile todo.

EL CONCEPT CAR

La persecución es la forma automovilística del duelo. A matar o morir, en ese enfrentamiento héroe y villano juegan sus mejores cartas. Berlín. De un lado del muro, los rusos creían construir el futuro mandando a la perra Laica a morir en el espacio; de este lado, el laboratorio aplicaba el futuro al presente para derrotarlos. La superioridad de Occidente se basa en la promesa de poner al alcance de toda la máxima tecnológica a través de los objetos de uso cotidiano. El auto bond encarna esa promesa: es el auto por venir, instalado en el ahora: el primer concept car exhibido a escala masiva. Solo que este concept car debe entenderse en el contexto de la guerra fría. Basta reemplazar los lanzamisiles del BMW Z28 utilizado en The World is Not Enough por los adelantos tecnológicos del último salón del automóvil de Paris, para comprender que cuando en una persecución triunfa un auto Bond, triunfa también una idea de mundo. Ni Ronald Reegan ni Juan Pablo II. Un auto Bond choca contra el muro de Berlín y lo derriba. Chau socialismo.

EL ANFIBIO

El auto Bond solo puede testearse en una persecución. Es un guerrero, no un ayudante practico. Puesto en las calles de Buenos Aires, el uso de su arsenal depararía virtudes de alcances insospechados. Un escudo protector seria un blindaje anti salidera bancaria, una cortina de humo una distracción contra los motochorros y una patente que cambia con solo apretar un botón un método para zafar de la fotomulta. ¿Y los cañones del Aston Martin que Pierce Broman maneja en Die another day? Imaginate: un embotellamiento en la 9 de Julio. Ni hablar del Lotus Esprit, que Roger Moore inmortalizó sorprendiendo a los bañistas de una Bristol europea en La espía que me amó. Sus cualidades anfibias se revelarían plenamente el día en que el servicio meteorológico acierta con un alerta y hay que atravesar Palermo Soho por Córdoba y Juan B. Justo. Solo para Bond un auto bond es un bien de uso. Para el resto de los humanos, si no es un objeto de deseo, es un chiste.

EL PERSONALIZADO

En Tomorrow Never Dies, Pierce Brossman protagoniza una significativa persecución. Provisto de un control remoto, 007, repentinamente convertido en un especialista en Play Station, conduce a distancia, mientras sus perseguidores ametrallan el auto vacío. El engaño se apoya un tácito pacto de identidad: Bond y su auto son lo mismo, imposible distinguir, imposible separar a uno del otro. Sin embargo, es la marca del auto lo que permite la momentánea separación. Bond ha utilizado muchos autos. Pero bajo la lupa del ideal del auto Bond, el paso de 007 a la Unión Europea, representada por BMW, no puede ser vivido sino como una traición a sus fundamentos. Bond es Inglaterra: su auto no puede ser alemán. Lo mejor de Inglaterra, su ética de caballeros andantes, se actualiza en el clubman que Bond representa. El caballo, entonces, solo puede ser reemplazado por un auto que sea como un smoking a medida. Tan sobrio y elegante para tomar un Martini, como holgado y cómodo para agarrarse a las piñas.

EL ELEGIDO

Inglés, elegante, sobrio por fuera, explosivo por dentro, para los amantes de la saga, decir “auto bond” es decir Aston Martin. Del espíritu gentleman y clubman de la marca, mucho tomó el joven 007 de los años ´60 para construir su ideal. Después, el auto bond encarnó en distintas versiones, siguiendo los avatares de guiones, las épocas políticas y las necesidades comerciales. Fue perseguido y perseguidor, fue victorioso, pero también fue destruido y vapuleado. Cortando con su láser como fetas de mortadela a los autos de la policía oriental en xxxxxx, o siendo descuartizado como el taxi Renault 11 que Roger Moore toma prestado en A view to a Kill. Se rebajó incluso a una fuga en un Citroen 2CV que el mismo Moore protagoniza en For Your Eyes Only. Pero resistió, porque un ideal no se degrada en sus simulacros. Como mucho, refuerzan el deseo de volver a una encarnadura más perfecta. Así, a partir de Die Another Day, Bond vuelve a Aston Martin, o mejor dicho, Aston Martin vuelve a Bond, y el círculo se cierra. Si en los años ´60 era Bond el que usaba Aston Martin, con la nueva sociedad, Aston Martin renueva su prestigio gracias a ser el auto bond.

EL INVISIBLE

La maravillosa persecución escenificada en un paisaje helado debió hacerse entre las ruinas del muro de Berlín. Porque hubo que dejar atrás la tarea de destruirlo, para que el auto Bond ideal se viera al fin, cara a cara, con un villano capaz de interpelarlo desde su misma altura. Derrotado el socialismo, el villano al fin podía contar con armas similares. El enfrentamiento ideológico deviene en guerra de marcas: Aston Martin puede enfrentar a Jaguar. Curiosamente, el artilugio que establece la superioridad entre una marca y otra es altamente significativo. El Aston Martin Vanquish de Bond puede volverse invisible en el hielo. O lo que es lo mismo, puede perder su encarnadura material y seguir siendo. Es decir, ilusionismo mediante, no depende de la realidad para existir. De esta manera, Bond le devuelve a Aston Martin mucho más de lo que le había tomado prestado. En manos de Bond, el Aston Martin se vuelve un auto ideal. Pero en el mismo gesto, el agente 007 acaba de escapar a una nueva persecución saltando a una nueva jerarquía. Es, al fin, un ideal de ideales. Desprendido del lastre de la guerra fría, liberando su potencial en el mercado, el auto bond se trasforma en una marca de marcas, que representa nuestra idea del Bien.

EL IMPOSIBLE

Olvidate de tener un auto Bond, podes perseguirlo toda la vida. Un auto Bond trasforma, a cualquiera que intente poseerlo, en un ruso que maneja un Lada. Intentá alcanzarlo, si podés. Sucede que aun teniendo el dinero necesario como para tener relaciones carnales con los 517 caballos de fuerza de un Aston Martin DBS V12 -como el que Daniel Craig destruye sin compasión en la remake de Casino Royale-, su uso cotidiano sacará al piloto más experto del camino en la primera curva de la fantasía. Una condena, sí, pero democrática. Nadie puede tener un auto Bond. No es posible. Sencillamente porque un auto Bond no existe. Un auto Bond es una idea a la que amamos porque concentra todo lo que un auto es, o desearíamos que fuese.

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