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Viernes 23 de diciembre de 2011
José Luis Denari
BMW i3 e i8 Concepts

Un nuevo lenguaje para dialogar con el futuro

BMWiiiiii

Pueden no haber sido los autos más despampanantes del último Salón de Frankfurt pero, funcionando en conjunto, los Concepts i3 e i8 configuran lo más parecido a una revolución que puede dar el conservador mundo automotriz de estos días.

Todas las marcas importantes de autos están conscientes de que los vehículos energéticamente eficientes y ecológicamente sustentables son el futuro de la industria. Y una a una van presentando vehículos en esa dirección, aunque por lo general son tímidas adaptaciones de modelos existentes. BMW ha doblado la apuesta: decidió crear una nueva línea de vehículos creados desde cero, en base a los nuevos paradigmas de movilidad eficiente y sustentabilidad ecológica. La nueva submarca de BMW –nacida eléctrica– se llama i.

Con gran astucia, BMW eligió presentar dos modelos situados en los extremos del mercado como para que no queden dudas de la amplitud y seriedad del proyecto. Por un lado el i8, un deportivo 2+2 que responde a una larga tradición de autos de alta performance (que se puede remontar hasta el CS de 1965). Por el otro, el i3, un vehículo urbano asimilable a un actual hatchback del segmento B, que representa una novedad en la oferta de la marca (de hecho será el “beeme” más pequeño desde el BMW-Issetta de 1965!). Entre ambos nos indican que BMW va a por sus tradicionales clientes, pero también a por un nuevo tipo de consumidor, expandiendo sus horizontes.

Un lenguaje de diseño que va mucho más allá de lo estilístico

Cuando hablamos de diseño, muchas veces nos quedamos parloteando acerca de lo que en realidad hay que denominar “estilo”, es decir las resoluciones cosméticas que presentan los autos. Pero hablar de diseño en términos reales, es referirnos a como las formas y las soluciones tecnológicas de un producto se integran para dar lugar a algo nuevo. Eso es exactamente lo que sucede con la línea i, y es por eso que a simple vista nos parecen dos vehículos muy distintos de todo lo existente. Está claro que BMW usa el diseño estratégicamente, como parte de una nueva y mucho más amplia dirección general para su negocio.

El gran desafío que se presenta es lograr que estos autos expresen una nueva identidad basada en un nuevo paradigma tecnológico, pero que a la vez que se sigan reconociendo como parte de una de las marcas más prestigiosas de la historia del automóvil. Además, esta doble presentación implicó un doble desafío, ya que cada modelo responde tecnológica y estilísticamente a una necesidad bien distinta. En este juego de similitudes y diferencias, elementos constantes y variables, radica la potencia de lo que llamamos lenguaje de diseño.

El packaging. Soluciones tecnológicas adaptadas

Ambos vehículos presentan un sistema propulsor y un packaging distinto entre sí, pero con una arquitectura modular similar. Mientras que el i3 es totalmente eléctrico –posee un motor en cada rueda totalizando 168 HP–, el i8 es un híbrido que posee un motor eléctrico delantero, y uno convencional de 3 cilindros sobre las ruedas traseras. Pero ambos autos comparten una misma concepción modular: el módulo “Life” plástico reforzado con fibra de carbono (CFRP) conforma el habitáculo y la célula de seguridad, mientras que el módulo “Drive” de cada modelo alberga todas las funciones relevantes para la propulsión y la conducción.

En el caso del i3 el módulo Drive conforma la base del vehículo y contiene el paquete de baterías de litio. Esta arquitectura hace que el auto tenga una altura superior a la de un vehículo de propulsión convencional, pero al tener un habitáculo despejado presenta un espacio inusual para un vehículo de solo 3,87 m de largo. La disposición de elementos en el i8 es más convencional y eso permite que mantenga las proporciones características de un GT: largo, ancho y bajo. Pero lo que hace a ambos autos realmente especiales es el extendido uso de plástico de fibra de carbono reforzada, fundamentalmente en la estructura del compartimiento de pasajeros. El uso de este material está en el corazón y en la esencia de los nuevos vehículos i. Su menor peso comparado con el acero y el aluminio (50% y 30% respectivamente para lograr similares resultados estructurales), reduce el peso total del vehículo haciéndolo mucho más eficiente. Por otra parte, la rigidez estructural, las posibilidades de moldeado y cambios de espesor y la ausencia de uniones, permiten una serie de soluciones estilísticas impensables para vehículos de metal tradicional. Y si bien el uso de CFRP no es nada original en concept cars, el hecho de que BMW esté decidida a usar este oneroso material en sus vehículos de producción en serie es notable. Ninguna otra marca ha hecho un compromiso tan audaz con el fin de ofrecer nuevos tipos de vehículos más eficientes y por lo tanto ecológicamente responsables.

Desafío de diseño I: los nuevos valores

Si bien los vehículos de la serie i están concebidos desde adentro hacia afuera, o mejor dicho, desde lo funcional hacia lo estético, el diseño exterior es tal vez lo más destacable de ambas propuestas. En palabras de  Adrian van Hooydonk, director de BMW Group Design: “El diseño expresa a primera vista lo que es posible experimentar al volante del coche”.

Los diseñadores recibieron entonces el encargo de generar una solución estética con personalidad propia –acorde a la nueva movilidad que proponen y capaz de continuar desarrollándose en el futuro– pero respetando un estrecho lazo de unión con la marca matriz.

El desafío fue encontrar la forma de expresar de manera auténtica la innovadora tecnología a través de la expresión estética de los dos modelos y, al mismo tiempo, demostrar la ligereza, la seguridad y la eficiencia que ambos modelos prometen. Esos son los valores que tratan de expresar las formas exteriores de ambos autos, cada uno a su manera y de acuerdo a su función. La ligereza real se comunica con ligereza visual, y los i lo logran a través de una relación entre superficies translucidas y opacas que claramente prioriza las primeras. Las superficies vidriadas de ambos modelos son inmensas y ocupan espacios no habituales en los autos convencionales. El ejemplo más destacable es la línea inferior de las ventanas, que corre por debajo de la cintura normal del auto llegando en el caso del i8 hasta el piso en la parte delantera.

La eficiencia, por su parte, se expresa a través de la acentuación de los componentes aerodinámicos como las superficies de ataque, las pestañas aerodinámicas y los elementos a través de los cuales fluye el aire. Todo el tratamiento de superficies está dispuesto en forma de capas a lo largo de la carrocería, y cada componente del auto se destaca y diferencia en cuanto su terminación. Los diversos colores expresan las funciones que asumen los componentes correspondientes a las diferentes capas. La capa del revestimiento exterior de color plateado corresponde a la superficie que limita el exterior del coche, mientras que la capa funcional de color negro en el exterior corresponde a las superficies acristaladas, a la estructura básica y a los elementos estructurales. Entre las dos capas se aprecian elementos gráficos de color azul, que le confieren a la imagen general del auto un toque distintivo, tal como sucede con el emblema de BMW i. Las diversas capas están claramente delimitadas entre sí, ya que también las capas inferiores asumen determinadas funciones como, por ejemplo, el guiado del aire (aunque curiosamente BMW no reveló las cifras de CX de ninguno de los dos modelos). La diferencia perceptible entre las alturas de los niveles redunda en una imagen exterior tridimensional muy dinámica y sofisticada.

BMW siempre mantuvo unas proporciones que enfatizaban tanto sus poderosos motores (mediante capots largos y extendidos) como la tracción trasera, con una carrocería desplazada hacia atrás (voladizo corto delante y largo atrás). El cambio conceptual de estos vehículos, que carecen de motores de combustión interna delanteros, se expresa con un cambio de en esa relación, con trompas cortas y bajas y voladizos reducidos a su mínima expresión. En algo tan importante como las proporciones del auto, BMW sigue siendo consistente en su filosofía de que el auto exprese su realidad propulsora, con lo que los hace a la vez diferentes y a la vez respetuosos de una tradición de la marca.

Desafío de diseño II: los viejos valores

Todas estas soluciones estéticas aplicadas a expresar lo novedoso de los autos, se conjugan con una reinterpretación de los dos elementos estilísticos más tradicionales de la marca. Por un lado la parrilla de “fosas nasales” del i3 y el i8 es gráficamente similar a la de los BMW actuales, pero con el agregado de un borde de luz azul que los distingue. El color azul es una clara referencia a al logotipo de BMW pero también, según la marca, se asocia a “un dinamismo eficiente, pureza y ausencia de emisiones”. Por ello, el uso de estas gráficas azules está extendido a varias partes clave de los autos.

El otro detalle distintivo de BMW, el famoso Hofmeister kink (la característica curva en el poste C de todos los BMW desde el modelo 1500) es menos evidente en estos nuevos autos, pero está sugerido por la confluencia de las líneas horizontales superior e inferior de la superficie vidriada, que confluyen en el parante C.

Vanguardia real

Juzgar un lenguaje de diseño nacido para expresar un concepto de movilidad innovador es bastante difícil, ya que en cierto sentido los vehículos de propulsión “verde” con estética propia están dando sus primeros pasos. Pero hay que reconocer que BMW tomó la iniciativa y eso importa mucho, porque sin dudas marcará un punto de referencia.

Ambos autos son innovadores, bien proporcionados, están plagados de bellos detalles de diseño y, sobre todo, logran expresar muy bien las características y posibilidades que otorga la fibra de carbono. En cuanto a si se siguen reconociendo como “genuinos beemes”, quedan algunas dudas. Más allá del sutil trabajo en la parrilla y la nueva interpretación del Hofmeister kink, el elemento más contundente en ese sentido es el ingenioso uso de color. La referencia a los colores clásicos del logotipo funcionó muy bien en los monopostos del  equipo de F1 de BMW, y en estos autos, que son tan particulares como aquellos, también lo hace.

Yendo a lo particular, queda bastante claro que el i3 es un vehículo más logrado y verosímil en términos de una posible producción en serie, mientras que el i8 sigue pareciendo muy sci-fi y deja la sensación de que aún le falta un largo camino por recorrer.

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