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Viernes 26 de abril de 2013
Ensayo Foto

Dakar Inside

Una mirada al Dakar desde el equipo de Toyota.

Seguir el Dakar por la tele está bueno, ver una cobertura en algún medio gráfico especializado en deportes también. Pero estar dentro del Bivouac, viendo, escuchando y sintiendo la energía de la gente, es una experiencia distinta. Sin embargo, el Bivouac está catalogado como el área de descanso dentro del Dakar, pero lo que menos abunda ahí es tiempo de relax. Los mecánicos corren a contrarreloj para reparar y cambiar piezas, para que los autos puedan seguir en condiciones competitivas la siguiente etapa, en medio de un clima de apuro y ansiedad controlada.  Tuvimos la suerte de vivirlo desde el stand del equipo oficial Toyota, el cual estaba dividido en dos equipos, el de Sudáfrica y el de nuestro representante local, el mendocino Lucio Álvarez.

Es más que notable y llamativa la preparación y la producción con la que cuenta un equipo oficial a la hora de transitar el Dakar. Un stock de repuestos más que envidiable, herramientas de las más varidas y por sobre todas las cosas, gente ¡y mucha! Cada una ocupa un puesto clave para hacer que todo funcione a la perfección. Hasta el más mínimo detalle está contemplado. Por ejemplo, uno de los camiones de asistencia contaba con un lavarropas para mantener limpios los mamelucos antiflamas de los pilotos. En el caso del equipo sudafricano, habían traído incluso sus propios alimentos, bebidas, snacks y un ambil con dos cafeteras Nespresso para satisfacer las necesidades cafeteras del propio equipo. Nada queda librado al azar.

Durante el tiempo que estuve dentro del Stand pude ver como en apenas unas horas los mecánicos repasaban la transmisión de una Hilux, cambiaban todo el sistema de frenos y el parabrisas entre otras cosas. Y entre charlas, pude hablar con el jefe del equipo sudafricano quien contaba que las Hilux que estaban compitiendo estaban equipadas con un motor V8 de 460HP, potencia que lograban desde las 2000 RPM… o sea, ¡un verdadero monstruo de potencia!

No existe otra explicación más que la canalización de energía positiva para seguir adelante en una competencia tan abrumadora. La buena onda que se vive es inexplicable, incluso hasta incomoda el ver que los mecánicos están con sus mamelucos trabajando en los 40 grados centígrados a la sombra de Tucumán con una sonrisa en sus dientes, sin haber dormido en quién sabe cuánto tiempo, habiendo desarmado las piezas de los vehículos infinidad de veces y sabiendo que, al día siguiente, levantan campamento como si fuese un Circo que sigue viaje, para pasar a la siguiente etapa, y así entretener a la gente en el próximo pueblo.

Y sólo así estos monstruos pueden estar listos al día siguiente para devorar todo tipo de caminos y llenar de gloria a sus conductores.

Fotos y texto: Japo Santos
Retoque digital: Matías Cugat / Moztro Films

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