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Martes 27 de diciembre de 2011
Femhardcore

Dime que auto tiene y te diré cuán sexy es

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Si ese hombre que nos gusta, además conduce un auto que supera la velocidad del aliento, corre largamente con ventaja por sobre el que llega a pata a una primer cita.

(Por Verónica Malamfant)

Hace bastante tiempo que vengo pensando que los hombres son cómo los autos que manejan. Muchas veces hasta puedo adivinar de antemano qué auto tiene tal o cual personaje que me invita a salir. Es que nosotras reconocemos, mediante nuestros estudios “cuasi científicos” (sexto sentido que le dicen), esa relación que existe entre el hombre y su auto. Porque siempre (y léase “SIEMPRE” con mayúsculas y en negrita) las mujeres evaluamos a los hombres según el auto que tienen. Es que si ese hombre que nos gusta, además conduce un auto que supera la velocidad del aliento, corre largamente con ventaja por sobre el que llega a pata a una primer cita.

Sexto sentido

Si el hombre es apuesto, eso se verá reflejando a primera vista. No debemos ser demasiado listas para saberlo. Esos ejemplares emanan un no sé qué que los hace diferentes, y que provoca que todas muramos por ellos, cuales bichos aplastados a un radiador en la ruta. Pero ese hombre “eternamente sexy” ¿qué auto conduce? ¿no nos estará ocultando algo? Sin duda ese sex appeal, debe verse reflejado en su “nave”: no importa si tiene para comprarse la última Cayenne, el más equipado de los Audis o que apenas le alcance para un Gol línea vieja. La clave está cuando, pudiendo elegir un Jeep Wrangler o un deportivo sexy, opta por comprarse un Mini Cooper… Todo esto nos habla sin duda de quién está detrás (y dentro) del auto.

Cuando las mujeres nos juntamos en aquelarre, nuestra lengua bífida y afilada hace que más de un pene corra suerte ingrata. Para nosotras, hay saberes inherentes a nuestra especie que, además de las cosas que quieren demostrar, nos hacen percibir algunas cosas que los hombres se empeñan denodadamente en ocultar detrás de su vehículo. Un análisis superficial nos diría que los que compran un auto alemán caro seguramente se sienten más codiciados, y perfeccionistas pero son a la vez conservadores. En cambio uno que prefiere los autos italianos se pretende más pasional y degustador de los placeres terrenales. Un usuario de un auto inglés, en cambio, sería un tipo mucho más solemne y menos creativo en la cama; un conductor de auto francés indica un amante del diseño y las formas, y por último el que prefiere un carro japonés tiende a ser un evolucionista tecnológico. Pero quitando esta hojarasca, que es la que lo “establecido” y la publicidad nos obligan a consumir, es donde nuestro “sexto sentido” ve más allá de lo evidente.

Veamos algunos ejemplos: aquel que se compra un Mini probablemente está queriendo compensar algo, y seguro que pretende tener a su lado a una rubia botinera con tetas puestas. Quien se ocupa demasiado de su auto, jamás se ocupará así de su pareja. El que vive corriendo picadas no es un buen candidato a largo plazo, porque seguramente un día cercano no lo tendremos más cerca, ya sea porque se estroló contra un semáforo, o porque pisó a alguien y terminó en Batán. El que compra camionetas grandes, o es un hombre de campo, o tiene una casa fuera de la ciudad (lo cual es muy conveniente!). Algunos que no tienen casa propia, sí tienen un Audi A3 que duerme en la calle porque no les alcanza para pagar la cuota y el garaje. Los que tienen un Mercedes muy grande, o son viejos, o le robaron el auto al padre. También es cierto que el hombre ostentoso esconde su inseguridad “machita” -como dice la canción de Bebe-, detrás de ese auto que pocos pueden llegar a tener. O el que anda con la música al taco y destruyó intencionalmente la suspensión para “derretirlo” como si fuera un chichón del suelo, seguramente te va a hacer pagar tu mitad en la primera cita, porque además de grasa, es muy probable que haya embargado su sueldo de acá a cuatro años, para dejar el auto como si fuera un puterío de ruta. ¿Y qué hombre que se precie de tal conduce un New Beetle?: o es alguien que le robó el auto a la hermana adolescente, o solo nos servirá para ir al shopping a elegir el color de los zapatos para el casamiento de nuestra prima.

Billetera mata a galán (?)

Antes no le daba mucho crédito a lo que mi mamá desde chiquita me inculcaba a fuego. Ella creía que los hombres “sexys” eran los que mejor se vestían y que siempre estaban montados en un buen auto, que por lo general era importado, al que se le sumaba un buen e intoxicante perfume. ¿Acaso somos influenciables las mujeres? ¿Vamos tras el auto o tras el pene?¿Tiene nuestro corazón el precio de un convertible último modelo? Muchas evidentemente lo tienen. Y yendo aun más lejos, algunas ven a ese ejemplar como el proveedor de una vida que tal vez ni él mismo sepa que podría llegar a tener. A más de una nos llegó el chisme de que María se casó con el guapo del BMW. O que a Mercedes la pasan a buscar siempre por la oficina en una 4×4 de las grandes. O que Teresita le habría practicado sexo oral al flaco que tenía el Audi TT convertible en la fiesta de fin de año.

Pero no todas somos iguales, algunas todavía nos podemos enamorar del “hombre” más allá de su auto. Esas diferencias entre nosotras son las que justamente hacen que ni todos los doctorados de Harvard podrán hacerles entender qué pensamos de ellos. Y ahí, cuando se dejan llevar por una intuición que realmente no tienen, es donde los hombres se convierten en víctimas cuando van a comprar un auto. Sí, víctimas; el cazador cazado. Los vendedores los ven llegar a la concesionaria con el cartelito en la frente que dice: “me tengo que levantar a la modelito rubia”, fantaseando con ser un mix de Bond con un look “rápido y furioso”. De lo que no se dan cuenta es de que con una simple frase, es n realidad el vendedor quien está a punto de practicarles un furioso sexo contranatura (al bolsillo, claro): “este es el que usaba el Poroto Cubero cuando se levantó a Nicole…” Todo dicho.

El equilibrio justo

Teniendo en cuenta este panorama, y haciendo caso omiso a algunos maliciosos dichos populares como del tipo “auto caro pene chico” o “los hombres son como los autos, si no los manejas no llegan a ninguna parte”, es que algunas optamos por ir haciendo un exhaustivo control de calidad por los caños de escape, palancas de cambio, hombres y afines. Porque en definitiva, ellos tampoco son todos iguales.

A modo de conclusión, debo reconocer que los autos y los hombres son mis dos grandes debilidades y que con ambos lo mejor que podemos hacer es probarlos para el fin que han sido creados, porque de nada sirve si no lo saben usar. El hombre realmente sexy siempre está montado en un auto que lo acompaña con su personalidad y su estilo. Ni lo opaca, ni lo engrandece. Sólo lo complementa, es el clásico y sutil equilibrio que a muchos les hace falta. Pero chicas recuerden: hay tipos que no se ocupan obsesivamente de su auto nuevo y permiten que una lo maneje; esos son los imprescindibles.

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