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Miércoles 19 de septiembre de 2012

El dilema europeo

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Los grandes fabricantes ante el dilema de cerrar plantas y despedir personal para recuperar rentabilidad.

Hace tres años, cuando Estados Unidos rescató a General Motors y Chrysler de la bancarrota (a condición de que las plantas recortaran puestos de trabajo para reconstruir los beneficios), los gobiernos europeos respondieron a una caída en las ventas de los automóviles, ofreciendo ayuda a las empresas para hacer lo contrario y sostener los niveles de empleo a la espera de una pronta recuperación.

Hoy en día, y sin ninguna señal de fin a una crisis económica que ha aplastado a la demanda de coches en los principales mercados del sur, los responsables franceses e italianos, junto con las dependientes de General Motors Opel/Vauxhall y la división regional de la Ford Motor Company, enfrentan cada vez menos resistencia por parte de los políticos y los sindicatos, ya que presentan estos recortes como la única alternativa a correr el riesgo de un colapso total.

“Todo el mundo ha decidido que es el momento adecuado para hacer cambios estructurales”, dispara el consultor David Cole, ex director del Centro de Investigación Automotriz en Ann Arbor, Michigan. “Cuando ven que una empresa podría desaparecer con todos sus trabajos, ellos se dan cuenta de que es mejor perder el 20 por ciento”. Al no ser ya considerado como un “tema tabú”, Laurent Petizon, director con sede en París para la consultora AlixPartners, que también asesoró a GM, agrega: “Parece que hay una creciente conciencia de que el exceso de capacidad debe ser tratado”.

Luego de los drásticos recortes exigidos por la administración del presidente Barack Obama a cambio de dinero público, GM y Chrysler están reportando fuertes ganancias. GM reportó una ganancia récord de $ 7,6 millones el año pasado, mientras que Chrysler ingresó $ 183 millones. Pero en Europa, donde se le prohibió a la industria el cierre de fábricas a cambio de cifras gigantescas en préstamos estatales y subsidios, los fabricantes masivos de automóviles aparecen ahora encerrados en una espiral descendente. PSA / Peugeot-Citroen, Renault y Fiat – junto con Ford en Europa y las mencionadas Opel/Vauxhall – aun están luchando para mantener su rentabilidad y competitividad.

Según AlixPartners, a partir de los niveles de exceso de capacidad similares en 2007, cuando las plantas de automóviles a ambos lados del Atlántico produjeron cerca del 85% de la producción máxima, las plantas sobrevivientes en Estados Unidos aumentaron hasta un 90%, mientras que las europeas cayeron a un 74%. Y son promedios que ocultan contrastes: dos de cada cinco plantas europeas se están ejecutando por debajo del 75%, estimando la tasa de rentabilidad mínima, mientras que las fábricas de Volkswagen funcionan casi a máxima potencia. Las plantas más lentas se concentran en Italia, Francia y España.

Intereses divergentes entre la automotriz alemana y su competencia pueden complicar los recortes de capacidad. Mayores obstáculos de reestructuración, a partir de la ley de bancarrota para la protección del trabajo, también servirán para que los recortes europeos no coincidan con el caso de EE.UU., que continúa siendo muy reciente. Sin embargo, Laurence Parisot, jefe de la organización patronal francesa Medef, afirma que “Obama dijo que el gobierno federal estaba dispuesto a ayudar (a GM y Chrysler) a condición de que se lleve a cabo la reestructuración necesaria. Si queremos que nuestras empresas sean líderes del mercado competitivo de nuevo en cinco o diez años, tenemos que aceptar algunos ajustes”.

Se trata de un punto de vista que va ganando adeptos en el espectro político Europeo. Tal es el caso de François Hollande, el nuevo presidente socialista de Francia, que en un principio expresó su shock con el plan de PSA de cerrar la planta de Aulnay cerca de París, calificándolo de “inaceptable”. Pero las objeciones oficiales han desaparecido desde entonces, y conocedores de la compañía sostienen que el gobierno se había informado previamente sobre el anuncio y hasta pareció ayudar a su emisión. Incluso Arnaud Montebourg, el ministro de Industria, que se había comprometido a resistir los planes de PSA, la semana pasada instó a los sindicatos a “actuar con responsabilidad” por consideración de los 90.000 trabajadores franceses cuyos puestos de trabajo la empresa espera mantener.

Algunos sindicatos también están negociando desde cierta debilidad. Fuerza Obrera de Francia aceptó una congelación salarial, la flexibilidad del tiempo de trabajo en una planta de PSA y la renegociación de las condiciones, reflejando ofertas laborales afectadas por GM en Gran Bretaña y Fiat en Italia. Pero el mayor sindicato francés se ha comprometido a luchar para salvar a Aulnay y bloquear nuevas concesiones, subrayando las dificultades que aún acosan a la reestructuración europea.

Fuente: REUTERS / europe.autonews.com

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