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Miércoles 23 de octubre de 2013

Gastón Mazzacane: “Después de andar en un F1 querés que todo se le parezca”

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¿Qué se siente subir a cualquier auto luego de haber manejado un Fórmula 1? Gastón Mazzacane cuenta todo al ser el último de nuestros compatriotas que pudo hacerlo.

Texto: Renato Tarditti
Fotos: Japo Santos

 

gaston-mazzacane-1¿Qué se siente subir a cualquier auto luego de haber manejado un Fórmula 1? No es una pregunta que se le pueda hacer a cualquiera, solo a unos poquísimos elegidos que tuvieron la oportunidad de participar del Circo más grande del mundo. Gastón Mazzacane es uno de ellos, y resulta que es justamente el último de nuestros compatriotas que pudo hacerlo. Es cierto que no le fue tan bien como muchos esperaban y por eso –exitismo argentino a la orden del día– fue bastante criticado en su momento. Hoy, luego de más de 10 años sin argentinos en la Fórmula 1, nos damos cuenta de lo importante que fue su logro.

Para Gastón, lo bueno de la experiencia es que lo convirtió en una de esas personas que saben bien que la vida es un sube-y-baja. Será por eso que es un tipo simple, tranquilo y muy amable. Total, quién le quita lo bailado.

¿Cuándo comenzó tu vínculo con los autos?
Desde que nací. Si bien era muy chiquito, a los cuatro años ya estaba en una carrera de autos acompañando a mi papá y vinculado al ambiente. A principios de los años ochenta, cuando tenía seis, ya veía las carreras del Lole Reutemann, que era el referente de los pilotos en esa época. Yo me armaba una pista de coches para jugar en el piso mientras miraba sus carreras.

¿Te imaginabas que podías llegar a donde estaba él?
Ni por casualidad. Aunque mi familia esté ligada al deporte motor, mi interés fue creciendo, pero no pensaba que iba a correr ni que iba a llegar a la F1 en su momento, ni que podía estar vinculado a un autódromo como hoy.

Sos el último piloto argentino que llegó a correr en F1. Hubo sólo cuatro en los últimos veinte años…
Así es. La gente no tiene dimensión de lo que significa correr y ser parte de la Fórmula 1. Tenía entre 23 y 25 años en mi paso por la competición internacional, y si hubiese estado mentalmente distinto tal vez me hubiese manejado de otra manera. Era muy pendejo y había una contra importante: en ese momento era el único argentino en la F1 y faltó un poco de valor político en el país para sostener al piloto como símbolo. Entre mi papá y mis representantes (tenía uno francés y otro de acá) generaron muchas cosas desde Argentina que hicieron a mi vida deportiva, pero todo llegó a tal punto que se necesitaban refuerzos, y ahí falló un poco la gente que tenía alrededor.

Muchos piensan que la F1 es como una trituradora porque hay mucha guita en juego. ¿El ambiente es como lo pintan las películas?
Se hace todo de manera muy íntima, y si hay alguna alteración no se llega a saber por completo, porque la creencia popular nace del mismo escándalo hecho por la prensa, que sabe que todo es a nivel mundial, y muchas veces no es así. Los equipos, pilotos o managers salen a contestar ese tipo de cosas y después no pasa nada. Todo es muchísimo menos de lo que la prensa destaca.

Desde afuera te veíamos en la elite del automovilismo ¿Cómo se vive eso?
Yo firmé contrato con Minardi, el equipo más humilde que podía haber en ese momento, pero ya era estar ahí adentro. Lo que necesitaba era correr de la mejor forma, pero me desesperaba saber que no podía ganar. Arranqué en 1999 como tester del equipo y me pasó algo raro, porque me involucré en el equipo como si (Giancarlo) Minardi me hubiese adoptado como un hijo. Ya no era solo el piloto de la escudería, porque me hicieron notar que era parte de la familia (vivíamos en el mismo edificio) casi como un italiano más, y allá no es algo tan común. Eso me dio más del 50% de chances para el 2000, cuando fui titular.

¿Y qué te dejaba una carrera aun sabiendo que no ibas a ganar?
Queríamos tener consistencia en la pista y en relación a otros como Prost y Arrows, porque era imposible hacer algo contra Ferrari o Benetton. Es como estar de mitad de tabla para abajo en fútbol sabiendo que arriba tuyo están River o Boca. En la F1, el auto que corra la hora y media es muy difícil, y el error humano está mucho más presente. Vos entrás a boxes hasta tres veces y si de los siete tipos que tenés alrededor falla uno, estas afuera.

¿Y el ambiente social, más allá de la competición?
Te marea un poco, y más si sos pendejo. Yo corría con un sponsor importantísimo de Minardi que hizo un fiestón en Montecarlo y no me lo olvido más. Justo lo armaron el fin de semana que corríamos en Mónaco.

¿Te quedaste?
Es imposible. Decís “esto está buenísimo, y me quiero quedar, pero no puedo”. Lo podés hacer pero sabés que como sos el corredor te están mirando. Es alúcinogeno, una tentación constante. Fuera de las carreras, mi vida era como si estuviese acá. No sufrí el desarraigo, y con 25 años traté de vivir la experiencia al máximo, a mi manera.

gaston-mazzacane-2¿Al terminar tu aventura fue todo cuesta abajo?
Sí, ahí me vino la depresión. Es complejo porque en el 2001, cuando me pasa el tren, parte de la culpa es mía, y yo tenía que seguir en Minardi. Me tentaron de Prost y mi representante decía que cambiemos. Yo estaba bien y en un lugar en el que cualquiera quisiera estar, y el propio Giancarlo Minardi nos pedía que no nos vayamos, porque creía que era coherente seguir una segunda temporada. Pero yo no me planté nunca, aflojé y sabía que del otro lado ofrecían motores Ferrari para llevar al equipo a un nivel de competición más grande… Fueron tentaciones, y al final la confianza que me brindó Prost fue ínfima. Pasé de estar en una familia a ser un elemento más.

¿Cómo es tu relación con los autos de calle?
Cuando estás en el deporte motor, los autos de calle son como tu cable a tierra, lo que no significa que no les prestes atención. Me gustan los clásicos y los deportivos, pero el auto que diríamos cómodo no me gusta, porque lo que quiero es estar de 0 a 200km/h muy rápido.

Debés haber tenido  varios coches a lo largo de tu vida…
Varios, aunque no tantos como se podría pensar. A algunos los recuerdo con mucho cariño. Cuando tenía 14 años y corría en karting (vivía en La Plata) no tenía registro de conducir, y mi papá no tuvo mejor idea que regalarme un arenero con un motor Gordini, al que le puse un poco de pimienta… 4 neumáticos de Fórmula 3 por ejemplo. Con ese auto iba al colegio, al campo de deportes a hacer ejercicio; la pasaba muy bien hasta que me agarraba la policía. Me conozco todos los destacamentos de policía platenses porque decían ‘ahí va el loco del arenero verde’, y yo no tenía nada. No debía manejarlo, pero podía hacerlo. Ahora sería imposible para cualquiera.
Después tuve otros autos de la época, como una Coupé Fuego de fines de los ´80 entre los 16 y los 21 años. Cuando cumplí 22 tuve un BMW 318is coupé negro, al que adoraba porque lo compré con mi abuelo y fue mi primer auto de “mayor de edad”.

¿Algunos que te gustaría tener en tu garage?
En relación a los deportivos y a la pasión que es la velocidad, me gustaría tener una Ferrari. Nunca tuve una, pero también te diría un Aston Martin, porque creo que son símbolos muy significativos. Mercedes y Porsche vienen un escalón más abajo. Me gusta mucho la 360 F1, un auto de 2001-2002, aunque también me gusta la 430 de ahora; son autos muy llamativos que podés usar sólo en ciertos lugares, pero también son muy maniobrables y sirven para andar en la calle.
También hay clásicos que me gustan mucho. Tengo entre ceja y ceja un Ford Cobra, que es un auto simple con líneas muy añejas y una aerodinámica muy específica de la época.

Siendo piloto de la F1, ¿qué auto manejabas allá?
Un BMW M3 gris plata. En realidad era un préstamo de un amigo mientras estuve allá. A ese auto una vez me lo “olvidé” en el estacionamiento de un aeropuerto durante un mes y medio. Tenía que ir a correr a Australia y luego a Singapur y me dije “lo dejo acá, total, ¿qué puede pasar?”. ¡Cuando volví me enteré de que pensaban que tenía una bomba! Tuve que mostrar fotos para que vieran que era un piloto de Fórmula 1 y no un terrorista! (risas)

¿Y si tuvieses que elegir un auto solo para ir de un punto a otro?
Creo que cualquier Volkswagen porque tienen unas prestaciones interesantes, acordes a precio y calidad. Tal vez algo de Renault también, aunque soy hincha de Mercedes-Benz. Tiene un estilo y una tradición que BMW y Audi no tienen.

¿Para manejar sos cauteloso o “tenés” que andar rápido?
Me considero muy tranquilo, pero lo que para mí significa “tranquilo” no es lo mismo que para los demás. Lo que pasa es que cuando anduviste muchos kilómetros arriba de los 250 km/h, 130 o 170 es como andar paseando, y si tenés un auto que te lo permita, no hace falta perder tiempo para llegar a esa velocidad.

Si fueses un auto, ¿cuál serías?
Je, sería un Dodge Charger R/T del 69, el famoso General Lee. Durante mi adolescencia fui muy seguidor de la serie Los Dukes de Hazzard, ¡y durante años soñaba con ese auto naranja! Es un auto con mucha onda, potencia y rapido, ¡como yo! [risas]. Pero además es muy similar a los TC de la época y me siento muy identificado.

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