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Martes 27 de diciembre de 2011
La función simbólica del automóvil

Ese objeto sagrado

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En un siglo de vida, el automóvil se ha convertido en un mito contemporáneo, entendiendo por mito a una representación colectiva expresada en un objeto-signo que tiene una explicación o simbología muy significativa para una cultura. Los objetos-signos son valorados mucho más allá de su función utilitaria. Pese a su carácter conflictivo, el automóvil es un objeto de culto, un objeto sagrado, un verdadero fetiche de metal sobre ruedas.

(Por Roxana Kreimer)

Mientras los trenes aparecen estrechamente asociados a su valor de uso, el automóvil revela un valor simbólico que va más allá de su utilidad y es análogo al conjunto de significados que tuvo el caballo para el mundo feudal. Se lo elige y se lo cambia por criterios estéticos, de estatus, como un instrumento de carácter cuasi mitológico que el conductor contemporáneo siente haber articulado ”a su imagen y semejanza”. El automóvil no es solo un medio de transporte, sino un espacio que se habita, tan íntimo como la ropa o como una casa, que se exhibe con orgullo como un signo de pertenencia social o de identidad individual.

Henry Ford y la construcción del sueño americano

Aldous Huxley, en la anti-utopía Un mundo feliz, postula una religión que no está basada en Dios y en la Biblia, sino en Henry Ford y sus automóviles. En Estados Unidos, de cada seis dólares que gasta el ciudadano medio, uno se consagra al automóvil. De cada seis horas de vida, una se dedica a viajar en automóvil o a trabajar para pagarlo.

Las publicidades de auto de la década del cuarenta mostraban las novedades de las distintas marcas. Por ejemplo, el Oldsmobile tenía un nuevo sistema de dirección y los cambios en la pedalera. Se daba cuenta del auto como valor de uso, encadenado a su función. En cambio en la publicidad del Oldsmobile de 1980 el auto está ubicado en el medio de un inmenso parque, con una mansión al fondo, y un hombre de unos cincuenta años, apoyado sobre el auto, parece ser el feliz poseedor del conjunto. El texto dice: “Tenga un Tornado hecho para usted. Para usted solo”. Aquí el objeto no tiene ya un valor de uso sino un valor simbólico. Hoy en día, comprar un auto es mucho más que comprar un medio de transporte: es comprar un símbolo, una perspectiva sobre el mundo. Herbert Marcuse señalaba en El hombre unidimensional: “Las necesidades de los sujetos están condicionadas, impuestas por los intereses de los grupos sociales dominantes: automóvil, televisión, artículos para el hogar, producidos según las leyes mercantiles del beneficio, parecen impuestos a la existencia cotidiana de los individuos. En esta sociedad, el individuo queda despojado de toda personalidad, carece de espesor y relieve, es un ser unidimensional. No le quedan otros medios para afirmar su autonomía que la agresividad o la estupidez: conducir un automóvil, comprar un fusil o manipular máquinas mecánicas”.

 

Siga leyendo esta nota en MÓVIL – Issue #2 – Página #70 – [email protected]

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