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Martes 27 de diciembre de 2011
José Luis Denari
Diseño para todos

Cuerpos de metal

metal

Cómo mirar un auto, Parte II: Los cuerpos de los autos.

Los seres humanos tendemos a trasladar atributos y características que nos son propias a todo lo que nos rodea. Los autos no solo no son la excepción, sino que tal vez sean uno de los productos de consumo más “humanizados”. Aunque sean objetos inertes, nosotros les atribuimos características de personalidad (son simpáticos, agresivos, elegantes, cancheros…), tal como lo haríamos con otra persona o en todo caso con una mascota. Lo interesante es que detrás todas esas “emociones” que los autos nos transmiten, hubo un equipo de diseñadores que trabajó arduamente para que así fuese.

En nuestro número anterior mostramos cómo los elementos de la parte frontal de un auto conforman una suerte de “cara” que cumple un papel fundamental en ese cometido. Y siguiendo con esa misma idea podemos decir que esas “caras” forman parte de una estructura mayor, una unidad, un “cuerpo”. De hecho el idioma inglés, que no se anda con muchas vueltas a la hora de establecer nombres para las cosas y las acciones, directamente denomina body –cuerpo– a la carrocería del auto.

Pero la relación entre una carrocería y un cuerpo no es solo una cuestión semántica. Del mismo modo que los elementos de la trompa (luces-parrilla-entradas de aire) nos remiten ineludiblemente a un rostro humano (ojos-nariz-boca), la estructura misma del resto del auto, con sus 4 ruedas apoyadas en el piso sosteniendo el resto de la carrocería, es asimilable al cuerpo de un animal de 4 patas. No es casual entonces que el lenguaje técnico del diseño de autos se valga de esta asociación para denominar a las distintas partes de la carrocería de un auto, y que los diseñadores aprovechan esa asociación –con diversos grados de sutileza– para que el auto transmita las emociones específicas a sus ocasionales espectadores.

Stance. La “postura” del auto.

En cualquier persona, la postura es fundamental para transmitir una actitud. De una persona encorvada tendremos una apreciación muy distinta de la que tendremos de una que se presenta erguida y sacando pecho; la postura de un atleta a punto de lanzarse a la carrera va a ser muy distinta de la de un caballero inglés a punto de tomarse un scotch. Resulta que con los autos pasa algo parecido.

Un auto ancho y bajo con grandes ruedas y guardabarros que se proyectan hacia afuera nos sugieren una gran estabilidad para tomar una curva, lo cual es muy bueno en un auto deportivo o con pretensiones de serlo. Un vehículo alto con pasarruedas de un diámetro bastante mayor que la rueda, así como un gran despeje del piso, son requerimientos tanto físicos como visuales para un todo terreno. Lo que vemos y percibimos son cuerpos de metal dinámicos, adaptados a una determinada función.

Seguí leyendo esta nota en MÓVIL – Issue #2 – Página #25 – [email protected]

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