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Martes 18 de septiembre de 2012
Autos en México

Me Gusta Picante

México, tierra de contrastes. Aquí una muestra de Muscle Cars americanos sazonados a la mexicana.

Fotos y texto: Maia Croizet
Retoque fotográfico: Diego Speroni

 

Algo que me llamó mucho la atención en México, desde la primera vez en la que estuve, es la convivencia cotidiana entre las raíces y las costumbres mexicanas con las influencias norteamericanas.

Es muy común ver este tipo de de relaciones opuestas en diferentes situaciones, y el mundo de los autos no es la excepción. No hay que extrañarse si uno va caminando y se cruza con un hombre de traje que baja de una Hummer último modelo con llantas de 20 pulgadas, para comer un rico taquito en la esquina donde se encuentra la Torre Mayor, uno de los edificios mas altos del DF y más importantes a nivel económico.

En esa tierra de contrastes que es México, el parque automotor es alucinante, especialmente en lo que a clásicos se refiere. Históricamente en México, a partir de los años 60, fueron cinco las marcas principales que comercializaron automóviles: Chrysler que vendía sus coches como Dodge, Chrysler o Valiant, Ford Motor Company, General Motors México (GMM) que los comercializaba como Chevrolet y Opel (descontinuados en 1971), Nissan Mexicana vendía su línea Datsun, y Volkswagen de México se hacía popular con el “Vocho” (como ellos llaman al Escarabajo) y la Combi. Además de estas cinco marcas, otras tuvieron presencia en el país, aunque de forma no tan importante como Renault (que se retiró 1986) y VAM, que producía bajo licencia los productos de American Motors Corporation y Jeep. Hoy en día las marcas europeas son las menos, y no es de extrañarse en ver autos que acá no existen como Lincoln, Mercury, AMC (American Motors Company), y Buick, entre otras.

Varias fotos de esta nota fueron tomadas en un evento llamado “Bazar de la caracha”, una feria organizada para vender repuestos y accesorios para vehículos antiguos que se transforma en una especie de mercado de pulgas del automotor que atrae a cientos de personas una vez por mes y va cambiando sus puntos de encuentro.

Las familias van enteras a pasar el día con los demás pisteros conocidos, y los chicos corretean entre los autos y se esconden entre los asientos. Al otro lado se ve a la mujer del dueño del auto durmiendo una siestita. La reunión arranca a las 7 am y se extiende ¡hasta las 5pm! Otras fueron hechas en el estacionamiento de un Burguer King de Copilco, a media hora del centro del DF, donde una banda de fanáticos de los autos americanos se juntan siempre a charlar, tomar algunas chelas y luego partir para diferentes rumbos.

Es sorprendente ver el gusto que tiene México por los autos. En cada espacio, en cada rincón se siente esa pasión a pulmón, desde un joven que recién entra en el ambiente y tiene su auto a medio restaurar, hasta un señor que muy contento muestra un álbum de fotos con la evolución de la restauración de su carro y comenta que si no conoce la revista y no sabe para qué serán usadas las fotos prefiere no exponer su tesoro.

Los autos se entremezclan con los paisajes y colores mexicanos. Coyacan, una pirámide, unos taquitos y unos motores. Aquí y allá, autos americanos, verdaderos muscle cars, sazonados con un poco de chile bien picante, como les gusta a los charros.

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