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Miércoles 24 de abril de 2013
El mercado automotriz argentino en 2012

No les fue tan mal

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En un año cargado de tanta incertidumbre, nadie se puede quejar de un mercado automotriz que estuvo cerca de batir el récord histórico del período anterior. Con estos volúmenes, Argentina sigue siendo un territorio más que apetecible para las principales marcas, que se adaptan a los vaivenes y pelean con lo mejor que tienen (o pueden traer) para ganar algún puntito extra.

(Por Renato Tarditti)

 

Nadie puede negar que 2012 fue un año de vaivenes e incertidumbres para la economía Argentina. De una proyección inicial de crecimiento de un 5% pasamos a un pronóstico (un tanto agorero) de recesión, y finalmente el año cerró, según los números oficiales, “empatado”, con un PBI casi igual al del año anterior. Claro que en estos tiempos nacionales, ninguna cifra oficial parece muy confiable. Pero hay un buen indicador del pulso de la economía que confirma esos valores: las ventas de autos.

La cantidad de vehículos vendidos dentro de nuestras fronteras durante los pasados doce meses, se mantuvo prácticamente igual a la de 2011, acusando un leve descenso de 2%. Hay que recordar que los 858.000 patentamientos de 2011 marcaron un récord absoluto para el mercado local, así que los 840.000 del año pasado indican que las cosas no anduvieron tan mal.

Varias hipótesis conviven para explicar el fenómeno. De un lado del “frente de batalla”, el relato es que las cosas van viento en popa, y las ventas de autos no hacen más que confirmar que el modelo basado en la fortaleza del mercado interno está condenado al éxito. Desde el otro lado se promueve la idea de que el mercado automotriz está “inflado” y es producto de que los vehículos son una de las pocas reservas de valor accesibles para protegerse de la implacable inflación.

Ambas teorías tienen fundamentos atendibles y lo más sensato es pensar que la realidad se encuentra en algún punto entre ambas. Lo cierto es que los fríos números dicen que en Argentina se siguen vendiendo más autos nuevos per cápita que en países como Brasil, Chile, México, y ni que hablar de España.

Always Volkswagen

A nivel de marcas, el mercado argentino nuevamente deja como gran vencedor a Volkswagen, que a pesar de un descenso de 5% en las ventas y una pérdida de casi un punto porcentual en la participación total, aún sigue reteniendo un 20% del total de la torta. Chevrolet ratifica su segundo puesto con una performance casi idéntica a la de 2011, y Renault se subió al podio gracias a su crecimiento del 12%, dejando relegada a Ford (-7%) al cuarto lugar. Otras buenas performances vienen por el lado de Peugeot (+8%) y Toyota, esta última con un notable aumento del 23%.

Las grandes perdedoras fueron las marcas que salieron mal paradas de la política de restricción de importaciones, tales como Nissan  (-70%), Kia (-40), Hyundai (-31%) y Dodge (-42%), aunque estas tres últimas nunca llegaron a tener un peso relevante en el mercado nacional.

El segmento Premium fue testigo del notable avance de Audi y de la recuperación de BMW, mientras que Mercedes-Benz se mantuvo estable y conservó (por poco) el liderazgo entre los autos de alta gama.

Subidas y bajadas

Por el lado de los modelos el gran vencedor fue nuevamente el Chevrolet Classic (ex Corsa con baúl) que acusó una leve caída de 5%, pero aún así mantuvo el liderazgo. Inmediatamente detrás se ubicó el inoxidable VW Gol, en su versión Trend, que le quitó el segundo lugar al Peugeot 207 Compact gracias a una caída de 14,4% en las ventas de este último. El Gol Power los sigue, ratificando su longevidad, y el VW Suran subió 3 lugares para ubicarse quinto. De todas maneras, la gente de VW puede argumentar que el best seller del año fue el “Gol” ya que sumando todas las versiones que comparten ese nombre sería por lejos el número 1 en ventas. Por una cuestión de criterios, nosotros preferimos el de diferenciar modelos distintos entre sí.

Más allá del top five, el año calendario dejó grandes ganadores y algunos perdedores. Por el lado de los primeros, no caben dudas de que el gran suceso fue el Renault Duster. El SUV ligero de Renault aprovechó la transición generacional del Ford EcoSport y terminó pisándole los talones. Otras excelentes performances tuvieron el Renault Clio (+31,5%), el Ford Ka (+28%), Toyota Hilux (+12%) y el Renault Kangoo (+13,6%), todos ellos ocupando lugares entre los 10 más vendidos. Otro suceso indiscutible (y predecible) fue el Peugeot 308, que en su primer año entero de comercialización se ubicó en el puesto 24, nada mal para un auto mediano. También se destacaron el siempreterno Toyota Corolla, que creció en ventas un 42% (!), los Chevrolet Cruze (+92%) y Celta (+56) y el Peugeot 408 (+56%).

Por el lado de los descensos, además del 207 Compact y el Ford EcoSport, sintieron fuertes pérdidas en ventas el FIAT Uno (-29%), el Renault Sandero (-20,6), y el Chevrolet Aveo (-13,5%).

La superposición de modelos funciona

Hace unos años nos preguntábamos por qué Renault, Volkswagen y Chevrolet tenían en su oferta modelos que se diferenciaban muy poco en tamaño y precio e incluso competían directamente entre sí en un mismo segmento. Chevrolet es el mejor ejemplo de ello con varios modelos militando en el segmento B (chicos familiares), que están muy cerca entre sí: Classic, Aveo y Prisma entre los tricuerpos, Agile, Celta y hasta Sonic entre los hatchbacks (y se viene el Onix). Renault emplea una estrategia similar: Clio y Sandero por el lado de los hatchbacks y Symbol y Logan en la categoría tricuerpos. Lo mismo puede decirse de Volkswagen (Gol Power, Gol Trend, Fox) e incluso FIAT (Uno Fire, Uno, Palio, Punto). Queda claro que el gran volumen del segmento B –que representa casi la mitad del mercado total– permite tal oferta de modelos, y justamente las marcas con más variedad son las que lo lideran. Si bien no caben dudas de que es una estrategia exitosa en términos de cantidad de pantentamientos, quedan algunas dudas en relación a la rentabilidad de la estrategia, ya que siempre es más redituable diversificar lo menos posible la oferta.

Competidores directos

Una de las cosas más entretenidas del análisis de un determinado mercado automotriz es ver los resultados de los modelos que compiten entre sí. Para eso, el mercado está dividido en segmentos que agrupan a los modelos de características similares (tamaño, precio, función). Toda segmentación tiene algo de arbitrario, y en próximas entregas desarrollaremos a fondo este tema de un modo más “didáctico”. Por el momento damos por sentada una segmentación “a la europea” que es la de uso más común por estos pagos: “A” (autos chicos y económicos); “B” (chicos familiares); “C” (medianos); “D” (medianos grandes); “E” (grandes berlinas); “SUV” (todoterrenos y crossovers); “Utilitarios” y “Pickups”. Algunos de esos segmentos incluyen modelos tan diversos que incluso se dividen a su vez en subsegmentos. A continuación presentamos una serie de gráficos que muestran las batallas “mano a mano” entre los autos que se disputan los mismos clientes potenciales.

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