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Jueves 15 de diciembre de 2016
Esteban Maidana
Identikit Mercedes-Benz Clase GLC

En código SUV (Premium)

Fotos: Japo Santos
ExteriorGLC

La GLC abandona las excentricidades de la GLK sumando más premiumness.

Calidad es el atributo diferencial de la manufactura alemana, virtud que la nueva GLC exuda por doquier y que supo conservar de su antecesora, asegurando una experiencia de uso verdaderamente premium. Su exterior −por el contrario− muestra signos más alineados con los códigos de diseño esperables de un SUV, rompiendo con aquella apuesta más cuadrada, estructural y disruptiva de la versión anterior (que se llamaba GLK). Esto la vuelve –paradójicamente– más convencional y con proporciones cuidadosamente similares a las de alguna competidora cercana.

La sofisticada butaca −capaz de adaptarse quirúrgicamente al conductor− invita a sentarse y acelerar al nuevo motor naftero de solo 2 litros de cilindrada, dejando atrás al V6 que cayó víctima del downsizing. Pero gracias al turbo, intercooler, inyección directa y la sociedad con una eximia caja automática de 9 marchas, la camioneta se desliza desafiando la física. Muchos son los vehículos que ofrecen esta potencia, pero acelerar a este conjunto motor-transmisión es lo más parecido a ser un director de orquesta. Los 241 CV y 350 Nm resuelven con contundencia los desafíos a los que un usuario promedio de GLC la someterá, incluso a los que se atrevan a explorar sus características offroad, provistas por la tracción integral 4Matic. Eso sí, el comportamiento dinámico que exhibe cuando se intenta transgredir algún tipo de límite es soberbio.

Aunque parezca imposible, hasta la GLC tiene facetas polémicas: lo primero que hay que advertir es que el andar no es tan suave como se esperaría, ya que los caminos argentinos no se llevan bien con el rodado de 19” ni con las cubiertas run flat (atentos, no tiene rueda de auxilio); no solo penalizan el confort de marcha sino que además generan bastante ruido al copiar las infinitas imperfecciones de los caminos. En el interior cuesta concebir que la pantalla del centro de infotainment no sea táctil, algo que la marca intenta suplir con una rueda, botones y un pad sensible al tacto; y resulta algo discutible la calidad que transmite el piano black de la consola central, que parece no ir en línea con la exclusividad del resto de los materiales. Por último, llama poderosamente la atención la ausencia de elementos de seguridad como frenado de emergencia autónomo, sensores de punto ciego en los espejos retrovisores o el sistema de mantenimiento de carril, por mencionar algunos de los innumerables dispositivos que ofrece en otros mercados.

Impactante, robusta y elegante serían los calificativos sintéticos de esta GLC, un vehículo que se dirime en una liga muy exclusiva en la que participan −entre otros− varios rivales alemanes de peso. Los argumentos abundan, pero no sin un precio: cuesta entre un 20% y un 30% más que sus competidoras. Este es el tributo a la excelencia que exige la marca de Stuttgart, que si bien no es poco y supone un desafío a la racionalidad del comprador, la aspiracionalidad y el estatus transmitidos por la GLC la colocan en la cima de la cadena alimenticia de su segmento.

InteriorGLC

GLCTrescuartos

Tener en cuenta…

> Que comparte plataforma y varios elementos del interior con el Clase C.

> Que su archirrival –la Audi Q5– se acaba de renovar completamente en el reciente Salón de París.

> Que los 120 CV por litro de potencia específica son equiparables a los de un Porsche 911 Turbo de mediados de la década pasada.

> Que el sistema Attention Assist analiza el estado de atención del conductor y le recomienda un descanso si es necesario.

> Viene equipada con el Head up Display, sistema que proyecta información como velocidad y datos de navegación en el parabrisas, cuenta con cámaras que crean una visión de 360° alrededor del vehículo y con el sistema Parktronic de estacionamiento asistido.

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