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Viernes 3 de enero de 2014
Hernán Charalambopoulos
La estrategia de diseño de Renault

El ciclo de la vida

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Con la presentación del Initiale Paris Concept, Renault completa su ambicioso “ciclo de la vida”: seis concept cars con el objetivo de volver a poner a la marca en el camino del éxito a través del diseño.

Cuando nos toca hablar entre colegas diseñadores en algún Salón del Automóvil del viejo continente acerca del trabajo de Renault, se produce como un cierto silencio, una vaga sensación de respeto hacia lo que fuera en nuestros años de estudiantes el paradigma a seguir por todos nosotros. Las frases se estiran, los tiempos se alargan y las explicaciones suenan más dulces. Es como entrar a un bar descascarado de Avenida Caseros y escuchar entre tangos oxidados las voces de la mesa del fondo añorando las gambetas de Housemann, o las pinceladas de Miguelito Brindisi, cuando volcaban todo su arte sobre la alfombra verde en aquel inolvidable Huracán de 1973.

A nosotros nos pasa lo mismo. Hablar del Diseño Renault inevitablemente nos transporta a la época de Patrick Le Quément, ese carismático personaje que destilaba desde sus poros rebosantes de fragancias de su Tierra, el código genético del auto francés. Ni más ni menos que eso.

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La experimentación transgresora de Patrick Le Quément

“Ya lo hemos visto…”

“On l´a dejá vu…”  era su frase favorita para sus colaboradores cuando estos le presentaban sus ideas. En ese “ya lo vimos” representaba el peso de la autoridad y esa insana pero adorable costumbre francesa de ser diferentes a cualquier precio. Sobresalir, destacarse, y ser únicos por sobre todas las cosas. Sus controvertidos diseños reclutaban por igual fanáticos en el mundo del diseño y detractores en la gente de a pie. Estas masas fueron pacientemente educadas durante años por show cars que preveían para el hombre de traje gris, lo que su paladar comenzaría a decodificar en los años venideros.

Fueron épocas de colas truncas y brutalmente rematadas, hombros cuadrados, volúmenes que despistaban y llenaban de aire renovado el anodino paisaje que siguió al bio-design de los noventa.

Prototipos como el Initiale, que cambió para siempre el lenguaje de los autos familiares, el Vel Satis o el Avantime –que anicipaban lo que sucedería con la segunda generación del Megane–, fueron piedras fundacionales de una marca que dejo su sello en el tiempo. Solo un equipo liderado por una persona de su carisma podría presentar a la dirigencia hace casi un cuarto de siglo, la idea de hacer  un auto compacto de un solo volumen. Así nació el Twingo y con él, la masificación en todos los segmentos del concepto de monovolumen, hasta ese momento sólo reservado a los autos de gran porte como el Espace, que dicho sea de paso, fue el primer auto de cuatro puertas con esa configuración, nacido allá por 1984. Del otro lado del océano Lee Iaccoca había inventado el Chrysler minivan, pero era de puertas corredizas. Una especie de “jibarización” de una Van, cosa que el Espace, definitivamente no es.

En ese contexto de ebullición y poca información como la que circula hoy en día, los estudiantes esperábamos el número de Auto Design para ver los dibujos de Jacob, Metroz, Ploué, y hasta Gustavo Fosco, el argentino que nunca falta, auténticos ídolos de miles de aspirantes que querían emular a esos héroes del fibrón. No había internet, ni Photoshop, entonces el secreto era fotocopiar a color los bocetos e intentar reproducir de la mejor manera esas técnicas tan frescas.

Generación del Ctrl+Z

Aquí nos cabe una pequeña pausa para reflexionar acerca de la manera de dibujar, que a fin de cuentas es la actividad más elemental en nuestra profesión: hace veinte años no existía la ilustración digital, y por consiguiente, todo se hacía a mano y con grandes riesgos de equivocarse y tener que tirar por la borda  horas de trabajo ante un manchón de tinta, de marcador, o un pastel mal utilizado en una ilustración. Hoy alcanza con apretar Ctrl+Z y el problema está resuelto. “La generación Ctrl +Z” piensa y crea objetos de una manera diferente, porque lo hace más rápido. Hay menos tiempo para pensar, hay menos rituales a la hora de sentarse a dibujar y los productos que salen son de alguna manera más frescos, por la cantidad de pruebas que se hacen, pero a la vez menos personales porque nunca queda una traza definida, ya que todo se evapora, todo se volatiliza, incluídos los estilos y las tendencias.

Hoy cualquier estudiante sube a internet sus trabajos, y cualquier director de diseño de una marca (como alguno me ha confesado) los puede ver, e interesarse en ellos, aunque sin interesarse en el estudiante. Pueden tomar sus ideas, elaborarlas, y generar un híbrido entre su propio pensamiento y la idea original del estudiante.

Si esto lo multiplicamos por millones de casos cada año, vemos que es muy difícil que se consolide una tendencia o un lenguaje definido, por el sencillo hecho de que no hay tiempo de maduración ni de sedimentación, menos aún de generar un grupo de trabajo que elabore una dirección definida de diseño. No es imposible, pero es seguramente mucho más complejo que antes, cuando las ideas y las tendencias pasaban algunos años en la incubadora hasta madurar para luego salir a la luz y afrontar la vida extrauterina. Hoy en día los periodos de gestación son mínimos, y las tendencias no salen genéticamente identificables. Son híbridos que se adaptan a tal o cual circunstancia particular.

Van den Acker

Dicho esto y presentado el panorama en el que le toca moverse, introducimos la obra de Laurens Van den Acker, el actual director de diseño de la marca, que pisando un suelo mucho más volátil en términos de desarrollo de identidad por lo que acabamos de describir, tiene que cargarse además el peso del bronce de su antecesor. Le toca entonces no solo hacer equilibrio en este contexto mucho más frenético, sino también moverse y elegir una dirección hacia donde apuntar la proa.

La practicidad conceptual de Laurens Van den Acker

La practicidad conceptual de Laurens Van den Acker

La idea de Van den Acker al tomar las riendas de este indómito animal fue concentrarse en el ciclo de vida de una persona y, a través de las experiencias que le toca vivir, configurar un mapa existencial del individuo y sus necesidades. Estas necesidades son escuchadas –y de alguna manera acompañadas– desde la movilidad a la hora de proyectar los medios de locomoción necesarios a lo largo de su estadía planetaria.

Más empírico que teórico, más práctico que académico, el nuevo camino del lenguaje de la marca se abre camino con una visión antropocéntrica, casi renacentista si se quiere, con todas las luces enfocadas en las necesidades del hombre y un producto a la medida de cada paso que este va dando en el mundo.

Aquí es donde comienza esta suerte de nueva era, o mejor dicho una evolución en la manera de interpretar el producto que ofrece el rombo. Además de los valores que muestra el gráfico de la flor, vemos que la voz oficial de la marca insiste en vestir estos conceptos e ideas de manera “simple, sensual, y cálida”, tres valores que son transversales a muchos productos de la competencia, y que son sin embargo los que Van den Acker toma como abanderados a la hora de hacer trabajar a los centenares de modistos ocupados en dar forma al traje de lata que el usuario de la marca llevará puesto.

Hacer una descripción detallada de cada concept car presentado por este equipo que en los últimos años fue ilustrando las ideas del director, peca de alguna forma de redundante, porque es tan directo el mensaje que poco queda de trabajo para el espectador a la hora del análisis.

El amor como punto de partida

Sin embargo, el De Zir –primero de la saga y responsable del estreno sobre las tablas de este nuevo pensamiento–, presenta elementos decididamente contrastantes con lo que venía haciendo Renault: inaugura una era y da el puntapié para lo que sigue. De Zir, y el Amor como primera de las etapas que transita el ser humano, refleja desde su intenso rojo formas suaves, sensuales y cálidas como bien reza la propaganda, e insinúa lo que será y es hoy la nueva “cara” de la marca con el rombo dominando la escena, abrazado por un elemento horizontal que integra ojos con nariz. Es curioso ver la pendularidad en el tratamiento de ciertas soluciones como la cara de los autos (trompa para el público), ya que los elementos según transcurren las décadas, pasan de estar separados, como en los años cincuenta y sesenta, a estar integrados en un solo elemento como en los setenta y ochenta, para luego separarse nuevamente y hasta tomar forma vertical en los noventa y dos mil (Renault Initiale, 1994 primer automóvil de su época que plantea la verticalidad en la gráfica de un frontal).

La tendencia de esta nueva década parece ser la integración (nuevamente) de los elementos, guiada no tanto por la racionalidad como en los setenta, sino más bien por el hecho de que teniendo un signo grafico de conexión horizontal en la zona anterior, en vez de tres elementos separados (dos ojos y una nariz) el conjunto de ver mucho más ancho, aumentando así la sensación de robustez.

Queda para la eterna duda plantearse porque en épocas de mujeres rellenas los autos eran flacos y ahora que las mujeres son flacas, los autos se volvieron anchos y gordos…

"La margarita de Van Den Acker" (Click para ampliar)

“La margarita de Van Den Acker” (Click para ampliar)

Comienzo auspicioso

Lanzada la pregunta y esperando respuestas que no llegan, veamos cómo esta estética frontal y el tratamiento de ciertas superficies, inauguradas en el casi hedonista De Zir, se ven plasmadas en autos de calle, como la nueva generación del Clio o el restyling del Megane III y Twingo, que adoptan en pleno los rasgos faciales del show car rojo. Hasta en el mercado local, la cirugía conceptual de la marca fue aplicada en el modesto Clio Mío con buenos resultados, que más allá del producto y los años que lleva en el mercado, adhiere plenamente y puede ubicarse sin complejos en la foto familiar de la marca.

El tratamiento de superficies de los nuevos productos de Renault también marca un cambio radical, y aquí es donde más se nota. Se busca denodadamente la suavidad a costa de pagar el precio de ser poco originales (aunque efectivos) en eso de vestir con redondeces casi obvias los que antes se trabajaba desde otra mentalidad un poco más racional, e investigadora si se quiere. Seguramente el nuevo Clio es un ejemplo de ello: un auto que vende como nunca, y que tiene una gran aceptación por parte del público en Europa, sobre todo por el tamaño (un pequeño Megane), pero que si hubiese estado Patrick Le Quement a la hora de decidir el diseño, hubiese dicho “On l´a dejá vu…”

¿Diseño humanista?

Volviendo a los autos de salón que siguieron a la zaga del De Zir hay que decir que estos ilustraron de manera muy precisa su misión, y a través del Captur (en la etapa explorativa) y el Twin Run (en la etapa mas “juguetona” del hombre), van acaparando y explorando desde la silueta de un automóvil lo que nos pasa a cada momento. Siguiendo con los autos destinados a la familia (Frenzy y R-Space) y finalmente cerrando el ciclo en el pasado Salón de Frankfurt, aparece el Initiale Paris con la etapa de sabiduría, representada en el algo anodino –digámoslo– perfil que le asignaron.

Es la primera vez que una marca genera una estrategia tan clara de lanzamiento de concept cars, y justifica tanto su existencia. Resulta curioso que se los trate desde el punto de vista del mercado como objetos casi de producción por la cantidad de explicaciones y el nivel de cuidado con que se los presenta en sociedad.

El trabajo de diseño en los interiores es destacable. 1: Dezir. 2: Captur. 3: R-Space. 4: Frendzy. 5: Twin´Z. 6: Initiale Paris

El trabajo de diseño en los interiores es destacable. 1: Dezir. 2: Captur. 3: R-Space. 4: Frendzy. 5: Twin´Z. 6: Initiale Paris

Resumiendo esta descripción acerca de cómo son, y sobre todo cómo serán los Renault de aquí en más, queda flotando esta reflexión: a fin de cuentas, ¿Quién cree más en el ser humano de los dos?, ¿el director nuevo, o el que estaba antes?

Desde su visión, Van Den Acker focaliza toda la estrategia en las necesidades del usuario como persona a través del paso del tiempo y encuentra una solución para cada exigencia. Le Quément confiaba plenamente en el talento de sus dirigidos y los exprimía llevándolos a nuevos límites de búsqueda demostrando así la capacidad del ser humano de crear nuevas formas, y sobre todo nuevas necesidades, pero siempre haciendo hincapié en dar vida a cosas nuevas, y no tanto en la de atender necesidades. El arte no negocia, el diseño, sí.

Uno, el nuevo, pone el foco afuera y desde allí trabaja buscando soluciones, el otro, sabía que la solución y la provocación estaban dentro de su equipo y desde allí lanzaba el mensaje. Había más protagonismo e histrionismo si se quiere antes, pero hay más autos vendidos ahora. En el ciclo de la vida de Renault, parece que la sabiduría ha llegado de la mano de una búsqueda más segura hacia el rédito económico.

¡Accedé a esta nota completa y mucho más en la edición #12 de Móvil!

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