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Lunes 26 de diciembre de 2011
Perspectivas de Antropología Vial

La Cultura en el asfalto

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Las políticas oficiales tendientes a reducir los accidentes de tránsito en la Argentina orientan sus esfuerzos hacia la instauración de normas, leyes, restricciones y sanciones. Una mirada desde la antropología sobre la cuestión muestra que el problema es más cultural que normativo.

Por Pablo Wright

Los accidentes de tránsito, que tanto lamentamos, corresponden al momento final de un largo proceso sobre el cual todos tenemos responsabilidad, pero del que no tomamos conciencia hasta que llega el siniestro. En vez de esperar una catástrofe para darnos cuenta de que el cuerpo ocupa un espacio físico y que, por ejemplo, materiales combustibles en espacios cerrados son peligrosos, un ejercicio de ciudadanía responsable es prevenir, planificar y poder presentar todos esos valores al público. Pero no solo considerando su dimensión normativa, sino también la dimensión práctica y cotidiana, la que nos permite relacionarnos con el problema desde nuestra propia experiencia de vida.

Generalmente nos exponen a campañas que solo enfatizan normas y no nuestras prácticas concretas; como si actuar sobre la dimensión abstracta fuera el remedio automático para nuestros males. Lo contrario, el re-descubrimiento de nuestras prácticas, nos exige instalarnos en una dimensión de autoconocimiento colectivo y de negociación y consenso democráticos para modificar ciertas formas de comportamiento que tienen consecuencias graves para nuestra calidad de vida. Existe una valoración social de la improvisación y la creatividad que va asociada también a otros valores generados por la estructura socioeconómica, como el estatus y el prestigio, y a otros como el género, en particular la masculinidad. El valor de la improvisación por sobre la planificación no radica en que los argentinos seamos más talentosos que el resto, sino que eso es un efecto de la estructura sociopolítica y productiva. Es decir, podemos afirmar que nuestra capacidad de improvisación y de creatividad está en relación orgánica con la clase de sociedad que tenemos y con la historia que la modeló.

En la problemática vial tenemos la responsabilidad específica de reflexionar sobre lo que sucede en el espacio público: calles, veredas, conductores, peatones. Aquí todos somos “nativos” y podemos decir cosas al respecto. Y estas voces las podemos procesar a través del horizonte conceptual de la antropología. Dentro de esta perspectiva, lo importante es descubrir la acción social que está detrás del símbolo, o sea, poder comprender que nuestras acciones no tienen un único sentido transparente, sino que en ellas se condensan valores complejos. Es por esto que toda maniobra mientras conducimos un vehículo o cuando somos peatones es un hecho social, colectivo, y no producto de una psiquis individual. En este sentido es necesario entender estos hechos sociales dentro de la noción de cultura, ese repertorio colectivo de experiencias históricas que moldean el cuerpo, la mente y los valores. Es decir, hacemos cosas de las que no somos conscientes, pero las hacemos y los demás también las hacen: es lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu denomina habitus. Uno aprende copiando sin saber que está copiando y sin saber que está aprendiendo, y después el efecto de este proceso son cuerpos que se mueven de cierta forma, cuerpos de carne y hueso, y cuerpos metálicos: los cuerpos de los vehículos, de los autos, camiones, motos, bicicletas, metáforas de nuestra piel, ahora metálica, transformada y en movimiento.

Siga leyendo esta nota en MÓVIL – Issue #1 – Página #58 – [email protected]

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