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Viernes 30 de diciembre de 2016
Juan Terranova
La manía rusa de mostrar accidentes en Youtube

Vodka y los autos locos

Ilustración: Lisandro Ziperovich

Desde hace un tiempo, Youtube se ha visto invadido por videos caseros de accidentes de tránsito provenientes de Rusia. La tecnología, la caída del comunismo y –sobre todo– la afición de los rusos por el vodka, son la explicación.

En el 2009, Dmitry Medvedev, en ese momento presidente de la Federación Rusa, dijo públicamente que el alcoholismo se había convertido en un desastre nacional. No exageraba. Y lo que decía estaba lejos de ser nuevo. Como siempre a lo largo del siglo XX, el Estado ruso había implementado políticas para desincentivar el consumo destructivo de vodka. Pero viendo los resultados de su última campaña, Medvedev señaló: “Honestamente, creo que no se puede hablar de un cambio, nada ha cambiado.” Estaba en una reunión de funcionarios en Sochi, cerca del Mar Negro. Luego el Kremlin citó una de sus frases de forma textual: “El alcoholismo en nuestro país es un desastre nacional.”

Al parecer, en 2009 un ruso promedio se tomaba dieciocho litros de vodka al año y se estimaba que las enfermedades relacionadas con el alcohol causaban la mitad de las muertes en personas entre quince y cincuenta y cuatro años. En 2011 se había logrado que la media entre los adultos bajara a trece litros. Con trece o dieciocho, el promedio da igual más de una botella por mes. ¿Se trata de un dato de la vida privada? ¿Hay un componente moral? Antes de eso la estadística –con todo su valor aproximativo y sus imposibilidades– resulta clave para los pronósticos demográficos usados en los modelos de crecimiento económico a largo plazo. El grupo etario entre quince y cincuenta y cuatro años marca el segmento productivo de una sociedad. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud apenas un 40% de los que dejaron la escuela este año previsiblemente vivirán hasta llegar a la edad de jubilarse. Con un poco de humor negro se podría decir que parece una buena noticia –el que aporta se muere antes de cobrar– pero estos índices también afectan directamente la productividad y las estimaciones del PBI. En Rusia no existe el premio al presentismo, o como dice un viejo chiste ruso: “no sabemos si existe porque nadie lo ganó nunca.” Muy lejos quedan ya los mitos soviéticos de la dictadura del proletariado y el culto al estajanovismo. Así las cosas, hoy el vodka sigue siendo símbolo nacional y no hay otro país en la Tierra que tenga una relación tan gratificante y tortuosamente cercana a una bebida con esa graduación. Los ingeniosos afiches soviéticos contra el alcohol recuperados en la web como piezas arqueológicas poseen, con su vieja concepción del héroe obrero de casco y llave inglesa, una inédita vigencia. Y los rusos más viejos todavía recuerdan la campaña impulsada por Mikhail Gorbachov. En 1985, el líder soviético recortó directamente la producción de vodka y prohibió su venta antes de la hora del almuerzo. ¿Ingenuidad? Con esas medidas de profilaxis etílica logró que el consumo se redujera un 25%. Pero esto fue posible gracias a la centralización comunista y a su inapelable toma de decisiones. Después del colapso de la Unión Soviética, el consumo se restableció. Y con la lógica de la oferta y la demanda, reapareciendo después de décadas de represión y ataduras normativizantes, la cosa empeoró.

Hace poco, la BBC, basándose en un artículo publicado por el journal de medicina británica The Lancet, afirmó que el 25% de los hombres rusos mueren antes de cumplir los cincuenta y cinco años. Las causas principales son los problemas hepáticos y las intoxicaciones etílicas, seguidas muy cerca de, atención, los accidentes viales derivados del consumo de alcohol. ¿Accidentes? Sí, todos recopilados en YouTube. Son los videos que vemos como sombrío entretenimiento frugal pero, dentro de su aspiración realista, en su flirt con el azar y la violencia, representan mucho más.

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Afiches de la era soviética para advertir sobre los efectos nocivos y desalentar el consumo excesivo de alcohol.

Los autos locos de YouTube

Con la llegada del capitalismo, los rusos dejaron atrás las viejas glorias del VAZ –conocido como Lada fuera de la URSS–, el Zaporozet y el Moskvitch, algunos de los cuales todavía pueden verse funcionando en La Habana. Los autos de producción soviética eran máquinas duras y resistentes pero poco confortables y muy poco agraciadas ya que sufrían, desde su misma concepción, el desdén por la mercancía propio de los sistemas comunistas. Pero a partir de 1991, los rusos comenzaron muy rápido a sondear las posibilidades de conjugar status, moda, comodidad y vértigo. ¿Y que nos muestra la zona rusa de YouTube?

Buscando al azar aparece “Russian car crashes 2014. Cars on the road compilation 77.” El video dura 7 minutos 41 segundos. Al darle play, lo primero que se ve es una ruta mano y contramano con árboles secos y un cielo azul. No estamos en una ciudad sino en alguna parte semirural que curiosamente, o no tanto, se parece a la Provincia de Buenos Aires. La cámara subjetiva muestra que no vamos muy rápido. A unos, digamos, 50 o 60 kilómetros por hora. En el equipo de audio suena con claridad una música de FM y la sección de vientos impregna de sospechosa alegría el cuadro. Enseguida nuestro auto baja la velocidad, y entendemos que debemos doblar a la izquierda para salir de la ruta principal. De frente no viene nadie. Está todo muy bien. No hay de qué preocuparse. Pero cuando menos lo esperamos un motociclista sale despedido hacia adelante después de haber tratado de pasarnos por la izquierda. El golpe es duro. El auto termina de girar. La música sigue. ¿Dónde está la moto? Para cualquiera que haya manejado en una ruta, la escena impresiona. Pero no hay tiempo para más. Sin conclusión, pasamos a otra cámara subjetiva. La situación de inicio parece similar. Esta vez la música suena a balalaika pop y el sol sale o se esconde en el horizonte. Sin mayor mediación, doblamos a la derecha y golpeamos de frente un auto horrible que parece un viejo Fiat picado por el óxido. Escuchamos un insulto y pasamos a otra cámara donde, esta vez sin sonido, nos rodea un ambiente urbano. Hay un auto y una camioneta esperando en un cruce. No hace falta que nos detengamos porque el semáforo acaba de cambiar, así que seguimos de largo y desde la izquierda llega un auto que también parece un Fiat, pero más moderno, y le damos de lleno a la puerta del copiloto. Vuelan vidrios astillados. La escena se congela y comienza otra cámara, esta vez con nieve. Y después otra, en un desierto. Y otra. Y otra más. En esta compilación vamos siempre en el auto que filma. A veces somos embestidos, a veces chocamos nosotros, a veces vemos volcar una camioneta roja, o un camión de cinco ejes. Muy rápido entramos en ritmo y ya no nos impresionan tanto estas pequeñas tragedias. Breves accidentes, toques, el sonido seco del impacto a baja velocidad, aunque también están los que se salen de la ruta, los que se cruzan, los que hacen un trompo y chocan. No se ve sangre ni heridos. Y eso hace que todo sea ATP pero al mismo tiempo más intenso, menos resolutivo, más estresante. Estamos acostumbrados a The Expendables, esperamos que todo explote, que sea espectacular, y por eso los choques rusos de YouTube generan una breve incredulidad que causa gracia, pero con un dejo de verosímil amargura.

YouTube tiene también choques argentinos –es de suponer que a esta altura donde haya autos va a haber compilados de choques– pero son diferentes. Para empezar hay menos cantidad, resultan mucho menos conspicuos dentro del trazado de ofertas audiovisuales web y, sobre todo, la mayoría aparecen tomados con cámaras lejanas. Lo que vemos son los planos abiertos y estáticos de las cámaras de seguridad de Tigre o algún otro municipio rico y paranoide de zona norte.

¿Manía rusa?

Pero, ¿por qué nosotros no usamos la famosa camarita Go Pro u otra similar cuando subimos al auto? (“Nosotros” podría ser aquí la Argentina y también Occidente.) Ya hay leyendas urbanas que intentan dar una razón a esta manía rusa. Se dice que los seguros empezaron a pedirles a los automovilistas que las colocaran porque muchos peatones se tiraban contra los autos para demandar a los seguros. Se dice que el auto con cámara paga menos a la aseguradora. Se dice que después de tres choques, es el Estado el que te obliga a ponerla. Que en cualquier momento y por cualquier maniobra, otro conductor, ebrio o quisquilloso, se puede bajar y te pueden dar una paliza. Y que en cualquier momento y por cualquier maniobra un policía de tráfico te puede hacer una multa. Y entonces la cámara serviría como mecanismo disuatorio y prueba fidedigna. Todas estas razones pueden ser ciertas y la verdad es que si tenemos la tecnología simplemente la usamos. De hecho, en Estados Unidos también se está empezando a implementar la rutina de filmar lo que se ve cuando se maneja.

Rusia nos espera

Ahora bien, acceder a un auto durante el comunismo era una penoso trámite burocrático que dependía de la producción, de la existencia en stock, del amiguismo y muchas otras variables siniestras. Aunque eso fue hace mucho y ya quedó atrás, algo de la brutalidad soviética subsiste. En Rusia, al parecer, se maneja mal. Pero ¿cómo manejamos en la Argentina? ¿Hay tanta diferencia? ¿Los rusos manejan mal o todos manejamos mal y algunos lo escondemos mejor? El alcohol, desde ya, es una variable a tener en cuenta. También el hielo y la nieve y una sociedad donde la fuerza –más que la astucia o la ley– sigue siendo una variante de peso a la hora de definir qué se puede y qué no se puede hacer. Pasada la efervescencia épica de Brasil 2014 –del que nos queda una ambigua resaca que nadie puede curar–, Rusia nos espera en el 2018. Sin forzar la imaginación, ya se vislumbran estadios llenos, mujeres hermosas, nuevos compilados de accidentes para YouTube y sobre todo mucho, mucho vodka.

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