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Miércoles 18 de junio de 2014
Renato Tarditti
Volkswagen Scirocco

Volkswagen Scirocco: Impacto visual

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Volkswagen quiere ser la marca de autos número 1 para 2015. Y para concretar ese maquiavélico plan notaron que a su consistente línea de productos había que darle un poco más de emoción. Para ello rescataron del olvido al Scirocco, un modelo que hizo una época en los años 70 y 80, y le dieron un diseño tan impactante que no hay manera de que pase desapercibido.

Allá por los años setenta, cuando Volkswagen empezaba a consolidarse como uno de los líderes de la industria automotriz, sorprendió a todo el mundo presentando una coupé deportiva “accesible” sobre la base del popular Golf. El resultado fue uno de esos “casi-nuevos-clásicos” cuya producción se extendió desde 1974 hasta 1982 en su primera versión, y hasta 1989 en la segunda, antes de ser rebautizado Corrado, el cual mantuvo el mismo espíritu intacto hasta 1995.

Pero pasaron trece años desde la desaparición del Scirocco/Corrado, y durante ese lapso el mercado automotriz empezó a tener cada vez más nichos y subsegmentos. La marca Volkswagen, completísima en vehículos de volumen, estaba requiriendo una bocanada de aire fresco que ya no derramaba desde Audi, y necesitaba un producto emocional con su propio sello. Nada mejor entonces que resucitar aquel viejo concepto, incluso manteniendo el nombre original. Para testearlo, en el Salón de París de 2006 exhibieron un concept car que (salvo por la trompa) contenía todos los elementos de diseño del nuevo Scirocco. Anticipando por dónde venía la mano, decidieron llamarlo Iroc, diminutivo de Scirocco, y lo muy sorprendente fue que el pasaje del concept al modelo de serie fue prácticamente textual. Esto es algo muy difícil de lograr, ya que el paso de un “anticipo” al modelo de producción es fuente de grandes desilusiones. Pero no fue este el caso, porque el nuevo Scirocco respeta casi al pie de la letra las proporciones del Iroc.

Proporciones, Superficies y líneas

La gran novedad del nuevo Scirocco con respecto a sus antecesores es un perfil que se parece mucho al concepto shooting break o shooting wagon (algo así como un ‘rural de tiro’), que fue concebido en los sesenta para transportar a los sportsmen británicos cuando salían de cacería, por lo que combinaba las ventajas de un rural y un coupé. En términos formales, esto es una línea de techo ligeramente descendente –mucho menos rápida que en un coupé tradicional–, que cae abruptamente en el portón trasero (por eso se lo denomina “break”, como los rurales). El shooting break es una bella idea que le otorga mucho dinamismo al auto y a la vez conserva una buena habitabilidad en las plazas traseras y un baúl digno, un gran hándicap de los coupés tradicionales.

En el modelado de las superficies los diseñadores de VW no se quedaron atrás. Lo más llamativo a este nivel es la parte baja del lateral, que presenta un juego entre negatividad y positividad (o entre convexidad y concavidad) extremadamente marcado. Toda la parte lateral inferior de la carrocería exhibe una convexidad (superficie negativa) que “entra” adentro de la carrocería para terminar fusionándose con el donut (superficie con forma de rosquilla) de cada rueda, especialmente la trasera. Esto funciona como receptor de luz –light catcher, como habitualmente se denomina en la jerga–, ya que genera un reflejo tan marcado que concita todas las miradas sobre él.

Más controladas aparecen las superficies del hombro del auto, definidas por una sutil línea de plegado que recorre todo su lateral. Hacia la parte trasera, se nota la fuerte tensión superficial que produce el angostamiento de la cabina, y nuevamente los reflejos se tornan desconcertantes pero igualmente hipnóticos.

Texto: Renato Tarditti y Christian Bertschi

Leé esta nota completa en Móvil #5

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